Redactor web4
27 octubre, 2025
Escrito por Jack Gomberoff
En el reciente concierto de Silvio Rodríguez en Lima, la trova se volvió panfleto.
En algún momento de la noche, mientras su mano derecha le colocaba una kefiyeh en los hombros —ese símbolo que hoy se usa menos como prenda y más como consigna—, el viejo trovador decidió leer un poema. No cualquier poema: “halt!”, escrito en 1979 por el cubano Luis Rogelio Nogueras, en plena era soviética, bajo el influjo del antiimperialismo militante que convirtió la política exterior en poesía de consignas.
El poema, leído con tono grave, empieza mencionando “la artillería israelí cañoneando campamentos de refugiados palestinos”. Y termina con una acusación velada pero brutal:
“Pienso en ustedes, judíos de Jerusalén y Jericó…
y no acierto a comprender cómo olvidaron tan pronto el vaho del infierno.”
En otras palabras, Nogueras —y anoche, Silvio— le dice al pueblo judío que, tras haber sobrevivido al Holocausto, se habría transformado en verdugo.
El eco de una vieja propaganda
Ese texto, leído en 1979, era propaganda. Cuba necesitaba alinearse con la narrativa árabe-soviética y demonizar al Estado de Israel. Era la época en que el sionismo fue declarado “una forma de racismo” por la ONU, y en que muchos intelectuales latinoamericanos de izquierda adoptaron el dogma sin matices.
Pero que en 2025 un artista lea esas líneas en un escenario de Lima, con kefiyeh al cuello y público aplaudiendo entre gritos de “Free Palestine” (en inglés, por supuesto), revela algo más profundo: la persistencia de un reflejo ideológico que sobrevive a los hechos, a la historia y a la vergüenza.
El ritual del activismo de café
Según contó un asistente, “apenas leyó el poema, salieron las banderas palestinas de todos los activistas de café y luchadores sociales de iPhone”. La escena debió parecerse a una misa laica: el trovador recita, los fieles agitan la consigna y el público cree estar participando en una causa justa.
Pero lo que se escuchó no fue un canto por la paz, sino una repetición de la vieja calumnia moral: esa que equipara la defensa israelí con el genocidio nazi.
Y de repente, en forma “espontánea”, el público sacó cientos de banderas palestinas que, “de casualidad”, tenían en sus carteras y bolsillos.
La inversión del dolor
Utilizar Auschwitz como espejo para juzgar a Israel es una obscenidad histórica.
El poema de Nogueras, y la lectura de Silvio, no evocan el Holocausto: lo revierten. Transforman a los sobrevivientes en culpables, y al recuerdo en arma. No hay mayor perversión que esa: apropiarse del sufrimiento judío para negarle legitimidad a la única patria que surgió precisamente de esas cenizas.
Israel no “olvidó el vaho del infierno”.
Israel es el país que más recuerda el infierno, porque lo tiene tatuado en cada familia, en cada nombre, en cada niño secuestrado o asesinado por quienes se autoproclaman “resistencia”.
Como recordó José Antonio Miró Quesada a fines de 2024:
“Si los palestinos de bien no marcan distancia con estos sociópatas de Hamas, estarán condenando por décadas, en complicidad pura y dura, el porvenir de sus descendientes y el propio.
Sólo de ellos depende.”
Y de la misma forma, ya es hora de que los palestinos del Perú marquen distancia también de los comunistas, los intelectuales de café y los oportunistas ideológicos que se trepan a su causa cada vez que necesitan un enemigo imaginario.
Porque mientras unos transforman el sufrimiento palestino en eslogan, otros lo usan como plataforma política, olvidando que el odio ajeno jamás ha liberado a nadie.
Una frase y una verdad que condensan en pocas líneas lo que la trova no se atreve a cantar: la responsabilidad moral también tiene dirección y silencio.
Cuando la trova se convierte en dogma
Silvio Rodríguez fue, durante décadas, el trovador de una generación que soñó con justicia. Pero esa justicia se volvió consigna, y la consigna se volvió dogma.
Anoche no habló el poeta: habló el militante.
Y cuando un artista usa la memoria de Auschwitz para dictar lecciones morales al pueblo judío, no canta por la libertad —la profana.
Después del poema, por supuesto, vino “La Era está pariendo un corazón”. Faltaba más.
Silvio representa a toda una generación de artistas que cantan con la izquierda y cobran con la derecha, que usan la rebeldía como estética pero facturan como empresarios. Aquellos que heredaron la épica del marxismo pero viven del capitalismo que detestan.
Quizás por eso José Mujica, en sus últimos años, dijo que el socialismo era como la sífilis: una enfermedad que deja secuelas aun cuando se cura.
Y anoche, en Lima, el síntoma volvió a cantar.
Fuente: https://larazon.pe/escrito-por-jack-gomberoff-silvio-y-el-perfume-del-infierno/?fbclid=IwZXh0bgNhZW0CMTEAAR7QhFTUiHhHKqs6q5k1GSggQPLQT0vIpRlZnC2Ck30XOse8-fFDsgqQ__JGfg_aem_nYAOHCk5lix7XLt7F4M5cA