La triste verdad: a esto se enfrenta Israel

Caramelos en Gaza tras el atentado en Hadera (Telegram Abu Ali Express)

por Ana Jerozolimski / Publicado el 30 de Marzo de 2022 a las 11:19

Los atentados terroristas, sean cuales sean sus autores y sea cual sea la afiliación grupal de los mismos-si es que formalmente la hay- reflejan un fracaso. Al menos puntual, concreto, referente al momento en que el terrorista logra traducir sus intenciones en hechos y matar, sin haber sido detenido antes.

Muchos se preguntan hoy que está pasando, qué hay con la seguridad interna, por qué en 8 días terroristas logran perpetrar 3 atentados, por qué no los detuvieron a tiempo. ¿Algo está funcionando mal?

Claro esté que algo no funcionó en el momento en que los atentados fueron cometidos. La gran pregunta es si realmente cuando un radical está decidido a salir a matar, se lo puede parar a tiempo.

Cuando se trata de lo que se conoce como “lobos solitarios”, o sea terroristas que se convierten en tales al cometer un atentado sobre el que no le contaron a nadie, para el que no precisaban ninguna organización especial previa y en el que les basta salir de su casa con un cuchillo de cocina-como ocurrió en el atentado de Beer Sheba- es casi imposible detenerlos a tiempo. El plan está en la cabeza del individuo, sin que haya señales exteriores.

Un atentado como el de Hadera, en el que dos personas se combinan para cometerlo, se filman y publican el video-en este caso dos árabes israelíes identifiados con ISIS- hay muchas más probabilidades de detectarlos. Pero no hay ninguna certeza. Los servicios de seguridad de Israel frustran continuamente todo tipo de ataques. A no pocos se llega por comentarios o posts en Facebook por parte de los terroristas potenciales. Aquí esto no funcionó.

Cuanto más organizado sea el operativo montado para cometer un atentado, cuanto más gente involucre, más probable es llegar a sus autores cuando están en camino al atentado, o cuando se contactan con un intermediario para recibir el arma o los explosivos, según el plan.

No hay nada hermético, y seguro que no lo hay cuando la propia barrera que supuestamente separa los territorios de Judea y Samaria en disputa, del territorio soberano de Israel, está llena de agujeros . Por uno de ellos pasó el terrorista que se hallaba ilegalmente en Israel y cometió el atentado de Bnei Brak, y por varios de ellos siguieron entrando a Israel otros palestinos en forma ilegal. Probablemente, la mayoría sólo busca trabajo. Basta con uno con la mente deformada, para cometer una matanza.

El problema central de fondo, a nuestro criterio, es la incitación a la que están expuestos los palestinos, niños, jóvenes y adultos. No es cuestión de alguna iniciativa individual aislada solamente. Están también las campañas constantes de odio de los grupos terroristas, en las páginas oficiales de la propia Autoridad palestina y varias de sus figuras.

El mensaje de demonización de Israel,  de apoyo al martirologio y el asesinato y hasta de su aliento activo, es constante . Terrible.

La distribución de golosinas como festejo por la muerte de israelíes, las marchas con cantos de celebración en Gaza, Jenin, Tulkarem y Líbano-azuzados por los terroristas pro iraníes de Hizbala- no son exabruptos aislados. Son una manifestación clara de la educación al odio, que los extremistas difunden continuamente transmitiéndolo a sus propios niños.  ¿Qué dicen padres con niños en su coche cuando se les acerca alguien con una bandeja de dulces y explica que es para celebrar que murieron “sionistas” (o judíos) en una “acción heroica en Palestina”, o sea en acuchillamientos o disparos hacia inocentes?

Es con eso que lidia Israel.

Y esto es mucho más duro, de fondo, que no tener a veces la información de Inteligencia necesaria a tiempo para impedir una matanza.

Bueno, en realidad, no hay que comparar grados de horror.

Pero seguro que ese es el problema de fondo. Quien crece nutrido de veneno, así vivirá. El problema es que así, también matará.

Ana Jerozolimski
(30 Marzo 2022 , 11:19)

Fuente: https://www.semanariohebreojai.com/articulo/5557