Ser antisemita es “cool”

Israel, ese pequeño país que lleva luchando por su supervivencia desde que nació, asediado por guerras y azotado por el terrorismo, se convierte en el paria entre las naciones, como el pueblo judío se convirtió secularmente en el paria entre los pueblos

Por Pilar Rahola

Para quienes estudiamos el fenómeno, nunca hubo ninguna duda: el antisionismo es el disfraz políticamente correcto del antisemitismo de siempre. Detrás de aquellos que corean ruidosamente su odio al sionismo (en general, sin conocer ni entender el concepto), late un pensamiento de odio a los judíos. Camuflado, pero puro.

Por supuesto, este símil será negado por los bienpensantes que aseguran amar las películas de Woody Allen y tener un amigo judío, y cuya pasión guerrera solo se dirige contra el primer ministro israelí. Intentan transformar su discurso de odio en un simple ejercicio crítico, y por ese camino se atreven a verbalizar todo tipo de barbaridades. El discurso de odio a Israel ha traspasado todas las fronteras éticas, convertido en un acoso y derribo a todo un país y a toda su gente. Es por ello que se trata de un odio que trasciende el ámbito del conflicto y aterriza en lo cotidiano: boicot a los israelíes en las competiciones deportivas, en los concursos de Eurovisión, en sus paseos como turistas, e incluso, en el súmmun de la locura, se llega a exigir el boicot a las universidades y a los científicos israelíes. Es un boicot a la persona por su origen y su identidad, más allá de sus acciones y de sus pensamientos, y así queda marcado cada israelí con la estrella de David en el brazo, en cada tuit, en cada consigna, en cada manifestación. Es un proceso de segregación, deshumanización y estigmatización contra todo un pueblo.

Israel, ese pequeño país que lleva luchando por su supervivencia desde que nació, asediado por guerras y azotado por el terrorismo, se convierte en el paria entre las naciones, como el pueblo judío se convirtió secularmente en el paria entre los pueblos. No es casual que el único país del mundo cuya existencia se discute, y al que se le adjudican las peores maldades de la humanidad -genocidio, apartheid, colonialismo-, sea el único que otorga el derecho internacional al pueblo judío. Nadie discute los países que nacieron al albur del puro de Churchill después de la Segunda Guerra, pero muchos se atreven a poner en duda la patria de los judíos que cuenta con más de tres mil años de historia. Ese es el significado del famoso “del río hasta el mar”: la aniquilación del estado judío.

Fuente: https://www.infobae.com/america/opinion/2025/12/18/ser-antisemita-es-cool/