POR REDACCION RADIO JAI
HACE 7 HORAS
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Nada será igual después del 7 de octubre de 2023 para la nación judía, ni en Israel ni en la diáspora. Dos años después se vuelve a intentar establecer una hudna, con todo lo incierto que eso significa. Recordemos que hudna, traducido precariamente como alto al fuego porque eso es lo más aproximado al vocablo, es una herramienta para librar la yihad (guerra santa) hasta que sea necesario. La yihad se libra contra todo el mundo, pero Israel es el objetivo central. Dado que la yihad se considera interminable, y dado que Israel existe, no habrá fin a la lucha. El texto de la constitución de Hamás es inequívoco: “No hay solución para la cuestión palestina excepto mediante la yihad. Las iniciativas, propuestas y conferencias internacionales son una pérdida de tiempo y esfuerzos vanos”. Hace dos años, con el respaldo absoluto de Irán y de Hizbolah, Hamas perpetró un pogromo en la tierra de Israel, con la convicción que era el paso inicial de una matanza mayor para llegar al exterminio judío que es su objetivo existencial.
Cuando se cumplen los 730 días del 7/10/23, habrá más tarde o más temprano, por presión intensa de Estados Unidos, una hudna, y no la paz que se anuncia con mucho ruido y sin tener ninguna certeza de su real posibilidad ni en el corto ni en el largo plazo. Hamas podrá quizás quedar desmilitarizado, Gaza podría ser gobernada por vaya a saber quién, y las capacidades de ataque contra Israel con objetivos de aniquilación por parte de Irán, Hizbollah y el propio Hamas, estarán por un tiempo seriamente disminuidos por las derrotas militares que han sufrido en estos dos años. Pero será hudna en su concepto más básico y fundacional desde los tiempos de Mahoma: habrá alto al fuego hasta que puedan reamarse y cumplir su objetivo, no importa el tiempo que demore.
Israel debería haber aprendido las duras lecciones del pogromo del 23. Ya sabe que no hay como establecer fronteras ni medianamente seguras en tiempos de armas que cada vez tienen alcance mayor; sabe que lo que firme, aunque EE. UU. y Europa proclamen que es el inicio de una paz global regional, le significará tener que vivir en alerta 24/7, 365 días al año, porque esa paz es una tregua, y la hudna, de acuerdo con los preceptos religiosos islámicos extremistas es un acuerdo siempre temporario. La memoria de las víctimas del pogromo y los secuestros no sólo requiere un constante e inclaudicable recuerdo de lo que sucedió, quienes lo perpetraron, por qué pudo suceder, sino además dos cosas que hoy son inconmensurables. Una, la recuperación como sociedad de vanguardia y del conocimiento de los casi 10 millones de israelíes de lo que ha significado defenderse de un nuevo intento de exterminio 80 años después de la Shoá. Dos, enfrentar el ataque antisemita mundial contra todo el pueblo judío en los distintos continentes, que sigue con fuerza hoy y continuará sin piedad tanto en Europa, como en Estados Unidos, Canadá, Australia, América Latina.
La política de disuasión siempre fue, es y será una farsa. Israel deberá tener muy claro que no sólo Hamas mantendrá el concepto de hudna mientras exista, sino que, aunque sonrían mucho en reuniones políticas y diplomáticas, para la dictadura de Qatar o de Turquía o de Siria, hoy, el contexto mundial que ha dibujado Estados Unidos necesita que muestren el rostro amable, pero ninguno piensa distinto a Hamas cuando de Israel se trata. El lenguaje histórico y ni que hablar el de estos últimos dos años utilizado por los países de la Liga Árabe, demuestra la cruda y única realidad.
El avance de las agresiones y asesinatos antisemitas en todos los continentes no necesitaba del 7/10 para existir y manifestarse. Los crímenes de odio en Francia han sido una constante más allá incluso de la última década y en Estados Unidos en los últimos años. En Uruguay, un comerciante judío de Paysandú (ciudad de 70 mil habitantes) fue asesinado por un docente de primaria hace 9 años quien dijo haber recibido un llamado de Alá para matar judíos, y el criminal que cometió el delito con premeditación y alevosía fue declarado inimputable y hoy está cómodamente libre. El 7/10 hizo revivir la apología del odio bajo la consigna de culpar a las poblaciones judías locales de la guerra de Israel contra Hamas, negarle a Israel el derecho a la defensa, perseguirlo con una acusación de genocidio que, aunque la Corte Penal Internacional esté ansiosa por determinarlo ya ha aclarado que no puede hacerlo simplemente porque no lo puede demostrar porque es falso, y convertir a las calles de las democracias occidentales en las de Berlín y Austria de los años 30.
Desde el 8/10/23, un día luego del pogromo, Israel debió inmediatamente defenderse también de los ataques con misiles de Hizbollah que hicieron que se desalojaran ciudades enteras de Israel y cientos de miles de israelíes pasaran a ser refugiados por un largo tiempo. Asimismo, Irán usaba Siria para atacar a Israel. Los civiles israelíes morían bajo los misiles que llegaban desde Gaza, Líbano y Siria. Israel todavía, 4 meses después del pogromo, en febrero de 2024,no había podido identificar a todos los asesinados en octubre, porque fueron quemados y descuartizados por Hamas. Y muchos nunca han sido identificados con certeza.
Desde 2016, la IHRA (Alianza Internacional de Recordación del Holocausto) aprobó una definición de antisemitismo que ha sido aceptada y aprobada por la mayoría de los países que tienen gobiernos electos democráticamente. En ese contexto de Israel defendiéndose de varias agresiones simultáneas, un estado con estatus de observador en el IHRA, Brasil, a través de su presidente Lula, expresó el 19 de febrero de 2024, hablando desde una cumbre de la Unión Africana en Etiopía: “Lo que está sucediendo en la Franja de Gaza con el pueblo palestino no tiene paralelo en otros momentos históricos. De hecho, existía cuando Hitler decidió matar a los judíos”. Uno de los ejemplos de la definición de antisemitismo del IHRA señala:” es antisemitismo establecer comparaciones entre la política actual de Israel y la de los nazis”.
Y a Lula lo han seguido con fervor más con sentido violento que ideológico, las izquierdas antijudías de Europa y América Latina, que dos años después han además borrado el 7/10. Tanto lo han hecho que después de 10 días en que se ha anunciado el intento de alto al fuego en Gaza aprobado por países árabes, Europa, Canadá, Australia, China, Indonesia, etc.; alto al fuego que tanto han reclamado esas izquierdas con insultos, comunicados, y complicidad con las agresiones contra los ciudadanos judíos de sus países, tanto esas izquierdas latinoamericanas como el extremismo radical español que más que izquierda recuerda a la Inquisición, no han dicho nada. Lo que sucede es que, si hubiera alto al fuego, ¿cómo justificarían la incitación a la violencia contra las comunidades judías a través de comunicados, manifestaciones violentas o asonadas contra escuelas judías, como sucedió en Uruguay hace un par de semanas?
En realidad, sienten que no necesitan justificar nada. Ya han sembrado el campo del odio para que sea fértil. Siguiendo la línea de Chamberlain y Daladier, Inglaterra y Francia lideraron la farsa de hacer declarar a la Asamblea General de la ONU hace pocos días, de que a partir de ahora se reconoce un estado palestino. Les importó poco el Derecho Internacional y sus exigencias jurídicas para que se pueda conformar un estado. Y aunque votaron una ilusión sin sustento, el terrorismo entendió que ahora tiene, además de impunidad, respaldo. En Yom Kipur, el día más sagrado de la nación judía, un musulmán asesinó a dos judíos en Manchester cuando entraban a la sinagoga para comenzar las 24 horas de ayuno, reflexión y rezo. El primer ministro inglés se horrorizó. Un poco tarde ¿no? A ninguna izquierda que esté hoy gobernando se le ocurrió decir nada al respecto. Y en realidad, estaban muy ocupadas apoyando una flotilla de 40 barcos que después de pasear un mes por el Mediterráneo, querían invadir aguas territoriales de Israel. Esta seudo flotilla, financiada por Hamas a través de uno de sus cómplices que le envía dinero desde Europa, juntó medio millar de mercenarios que no tenían absolutamente ninguna “ayuda humanitaria” para entregar, salvo sacarse videos y gritar consignas. Una vez detenidos en aguas no internacionales que pretendieron invadir, han sido en su mayoría deportados, a pesar de que son 500 personas que deberían haber sido procesadas con prisión porque cometieron varios delitos graves.
El alto al fuego se impondrá porque es la decisión de los más poderosos. Y en ese contexto Israel deberá reconstruirse después de dos años de ataques desde múltiples frentes distintos en base a la enorme resiliencia que hace a su ser nacional y tomar definitiva cuenta que la lucha por existir y crecer no tendrá descanso. Una sola duda y aparecerá el Hamas de turno.
La nación judía no tiene hudna a la vista. El antisemitismo no conoce de eso. Y menos cuando lo apoyan presidentes, partidos políticos, sindicatos, académicos como lo era Heidegger, medios de difusión mercenarios de los odiadores y las redes donde todo se permite, en especial, hacer creer lo que es falso y convertirlo en agresión.
“Puede haber momentos en que seamos impotentes para evitar la injusticia, pero nunca debe haber un momento en que dejemos de protestar”. Esto lo escribió Eli Wiesel. Nos infligieron la masacre del 7 de octubre. Nos infringen la vesania del antisemitismo y con impunidad. Ni se dejará la protesta por supuesto, y menos aún ni un microsegundo de silencio ante los bárbaros.
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